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Masa y Nixtamal: El camino de Beato Ortiz Hernández hacia el sueño Mixteco.

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El llamado de las raíces y el viaje al norte.

En el estado de Guerrero, en el corazón de la región mixteca, la tortilla no es solo comida; es herencia, es historia y es la sangre de la tierra. Allí creció Beato Ortiz Hernández, un niño indígena que desde muy pequeño tuvo que trabajar arduamente para ayudar a sus padres. Sin embargo, la pobreza de su entorno lo obligó a tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar su hogar. En el año 2000, con apenas 15 años de edad, Beato empacó su juventud y emigró hacia el norte, llegando a la ciudad de Richmond, Virginia, en los Estados Unidos.

La nostalgia convertida en visión empresarial.

Los primeros años en el norte estuvieron marcados por la profunda nostalgia. Estar tan lejos de casa, de la familia y de las costumbres calaba hondo en su ser. Beato trabajaba incansablemente, pero extrañaba profundamente el sabor auténtico de su tierra. En Virginia, las tortillas comerciales carecían de sabor, estaban llenas de conservadores y no tenían el olor del maíz con el que había crecido. En lugar de dejarse vencer por la tristeza de la distancia, Beato transformó esa añoranza en una visión: si el sabor de su hogar no existía en el norte, él mismo lo crearía.

De un camión de comida a la Tortillería Mixteca.

Su camino como empresario comenzó desde abajo. En el año 2012, con un pequeño camión de comida (food truck), con jornadas agotadoras y un orgullo inquebrantable de sus raíces indígenas, fue expandiendo su negocio. Eventualmente, Beato abrió tiendas y restaurantes de productos hispanos. El gran salto llegó al fundar la Tortillería Mixteca en Henrico, Virginia, convirtiéndose en la primera fábrica de tortillas a gran escala de la región. Para lograrlo, Ortiz Hernández importó toda la maquinaria de su tienda desde México.

El secreto ancestral: Maíz de Guerrero y nixtamalización.

El secreto fundamental de su éxito radica en mantener viva la tradición más pura. Todo comienza con el maíz importado de Guerrero.; Ortiz Hernández afirmó que este es un eslabón importante en la cadena y una forma de apoyar a los agricultores de su tierra natal. 

El maíz se cocina mediante el antiguo proceso de nixtamalización, que consiste en remojar el maíz, añadirle cal y cocinarlo. Se lava y se pasa al molino, donde se muele y la masa está lista para hacer tortillas. Este maíz se muele con un molino de nixtamal especial, que tiene una piedra volcánica incorporada, logrando esa textura única y esponjosa sin químicos ni conservadores.

Un ejemplo de superación para la comunidad migrante.

Hoy en día, la historia de Beato Ortiz Hernández es un ejemplo viviente de superación y dignidad para toda la comunidad indígena migrante. Demostró que estar lejos de su tierra natal duele, pero que la distancia vale la pena cuando se trabaja con el corazón puesto en los orígenes. A través de la Tortilleria Mixteca, Beato no solo construyó un imperio comercial que produce miles de tortillas por hora y da empleo a decenas de familias. Hoy en día, el negocio de Beato le da trabajo a mas de 50 personas. Beato Hernandez,  también alivio la nostalgia de miles de migrantes que, al morder una de sus tortillas, vuelven a sentirse en casa. Su vida es la prueba de que el pueblo mixteco no olvida de dónde viene y es capaz de hacer florecer su cultura en cualquier rincón del mundo.

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